El único carcelero es nuestra pequeña mente

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Hace unos pocos días tuve una invitación a almorzar con un ex-colega. Un ex-compañero del Banco, que trabajó bajo mi supervisión – hace ya algunos años cuando recién comenzaba su carrera – y que con el correr del tiempo, ascendió por la escala corporativa.

Hoy es un ejecutivo “exitoso”, al mando de una sucursal importante, con 45 personas a cargo y activos millonarios bajo su responsabilidad.

Con conocimiento de sus merecidos logros – la verdad es que adicionalmente a su talento y capacidad dedicó mucho esfuerzo a su carrera – supuse encontrar una persona satisfecha y realizada. Al fin y al cabo es él, y solo él, quien elije su destino laboral y profesional.

Luego de pasar por las preguntas que ya me son harto conocidas – “que estoy haciendo?”,”a que me dedico?”, “como estoy?”, etc. – y las respuestas que desconciertan – “nada”, y “estoy fantasticamente bien, disfrutando de la vida y de la libertad absoluta” – llegó la inevitable conversación alrededor del mismo tema.

Y digo “inevitable”, porque cuando se me pregunta esto, percibo que se espera una respuesta diferente, que ayude a sobrellevar el yugo del trabajo y la rutina cotidiana. La respuesta esperada no es otra que la descripción de un fracaso y un error asumido en haberme alejado de la vida corporativa, a fin de justificar la inercia laboral de mis interlocutores… Cuando la respuesta es otra, reconozco inmediatamente una mezcla de desconcierto y desconfianza, que se van transmutando, en la medida que mi sinceridad se va digiriendo, en una envidia significativa.

Por supuesto, que el desarrollo también es conocido: La primera cuestión que aflora es la capacidad para no hacer nada. En este caso particular la pregunta fue: “y no te molesta ser improductivo ?”

Qué interesante !!! Improductivo ? Qué implica ser “productivo” ? Producir qué ? Para quién ? Según que métricas de productividad ?

Una vez que logro que los preconceptos – que todos tenemos tan arraigados – tambaleen en mi interlocutor, y se de cuenta de como es necesario deconstruir, desprogramar, demoler las enormes estructuras que la sociedad nos impone desde niños, en beneficio sólamente de los demás, y en detrimento propio y de nuestros seres queridos, surge un nuevo cuestionamiento.

Pero este es más sutil, porque ya surge como excusa, como justificación, de nuestro sistema psíquico para sostener una posición que no deja de generar insatisfacción y sufrimiento.

Es ahí donde surge el conocido “claro, vos lo podés hacer porque X, o porque Y… Pero yo no estoy en tu misma situación.”

Es, sinceramente, este argumento el que me causa mayor compasión y empatía. La razón es que su orígen es quizas una de las mayores barreras para alcanzar la libertad.

Es como si estuvieramos en una celda que está abierta, pero encontráramos millones de justificaciones para seguir sosteniendo que no podemos salir. Nuestra mente comienza a buscar millones de excusas: Que no sabemos como abrir la puerta, que la llave no anda, que quizás la puerta esté electrificada, que no sabemos si será mejor afuera, que no sabemos que vamos a comer… etc., etc, etc.

Y vemos, impasibles, como todos nuestros compañeros de celda, nos abandonan uno a uno, y nosotros siempre encontramos una justificación de porque ellos sí y nosotros no.

Y cuando vuelven a visitarnos (al fin y al cabo ellos son libre, por lo que pueden reentrar en nuestra celda cuando quieran)  nos esforzamos, casi siempre inconcientemente, en convencernos de que somos diferentes o que nuestra situación es diferente, y encubrimos en esto la raíz de nuestra falta de libertad. No podemos ser libres, porque no estamos en la misma situación.

Este juego de nuestras mentes es básico. Y se debe reconocer antes de querer abordar la libertad.  Es nuestra mente la que genera esta ilusión de falta de libertad. Es nuestra mente la que nos quiere convencer que quienes recuperan su libertad lo han hecho por alguna causa fortuita, y no por su voluntad y esfuerzo… De aceptarlo, nuestras excusas perderían entidad, y la mente perdería su poder…

SOMOS BÁSICAMENTE LIBRES. Sólo nos falta reconocerlo. Y no digo que esto sea tan fácil. Sólo digo que debemos entender este mecanismo, para poder dejar de sabotear nuestra liberación.

Por eso, queridos buscadores de la Libertad, antes de proponernos alcanzarla, debemos comprender a nuestro mayor enemigo. A nuestro único carcelero: Nuestra pequeña mente.

“Libera vuestra mente”

Morpheus a Neo, The Matrix (1999)

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3 comentarios to “El único carcelero es nuestra pequeña mente”

  1. Nidala Says:

    Muy bueno.

    Soy un chaval joven que reconoció este hecho y empezó a construir su libertad. Estoy empezando, espero conseguirlo.

    Gracias por el consejo, le seguiré leyendo

  2. freedombanker Says:

    Bienvenido !!! Abrazo

  3. VIVIANA-CHILE Says:

    siepre soñé volar, volar muy lejos….pero hace

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