04 Feb 10: Tiempos modernos

Debo reconocer que soy un amante de los clásicos.

Y siempre, al menos desde que tengo recuerdos, lo fui.

Me resulta muy interesante (y no deja de sorprenderme) comprobar que “No hay nada nuevo bajo el sol”.

Para ello, nada como recurrir, en cualquier tema, a los clásicos, y evitarse el riesgo de  creer que uno puede, aún, inventar la rueda.

Aunque una de las frases que generalmente se impone en las charlas de café, y despierta apasionados debates, es “esta vez es diferente”, o su variación nostálgica de “todo tiempo pasado fue mejor”, cuando recurrimos a los clásicos no solo vemos la sabiduría enorme que ya en esos tiempos se había acuñado, sino que podemos comprobar que los problemas e inquietudes eran similares.

En el terreno de las finanzas, el legendario y sabio Bernard Baruch dijo: “Durante mis 87 años he sido testigo de una sucesión completa de revoluciones tecnológicas. Pero ninguna de ellas ha desplazado la necesidad de carácter en el individuo, ni de su habilidad para pensar”.

Cada tanto, por eso, me gusta leer y releer, y releer, a los clásicos.

Livermore, Von Mises, Adam Smith, Graham, y hasta, por qué no, Platón, Newton, Pascal y Pitágoras.

¿ Por qué no ir a las fuentes, en ver de conformarnos con las citas, además de disfrutar de las coloridas descripciones de tiempos pasados, que nos sirven de referencia para entender nuestro presente ?

Releyendo, el otro día, un maravilloso texto anterior a la Gran Depresión, uno puede volver a constatar como muchas cosas cambian (en realidad TODO cambia), pero la naturaleza humana sigue intacta.

El ser humano es, fue y será, basicamente el mismo. Cambian sus costumbres, su entorno, su problemática aparente. Pero no cambia  su naturaleza profunda: Sus pasiones, sus vicios y sus virtudes.

Tengo la suerte de hablar seguido con jóvenes que se aproximan por primera vez al terreno financiero, e intentan convertir una actividad especulativa (y entendemos “especular” por la capacidad de poder analizar en detalle una situación, e intentar rentabilizarla) en un medio de vida, y no deja de aparecer, una y otra vez, el conocido síndrome del “arte de soplar y hacer botellas”.

Son raras las excepciones, donde un individuo se aproxima al tema con humildad y cautela, entendiendo que dominar cualquier disciplina requiere mucho esfuerzo, y una dosis no menor de inteligencia, humildad y paciencia/tenacidad.

Una vez Jesse Livermore remarcaba la cantidad de gente que se acercaba a él, pidiéndole una recomendación rápida para hacer dinero en forma inmediata en los mercados.

Y, con justicia, se quejaba de que quienes lo hacían no eran ningunos idiotas, sino profesionales o funcionarios exitosos en sus ámbitos.

Se extrañaba que aún así,  sabiendo del esfuerzo que les había demandado obtener su “expertise” en sus propias especialidades, pensaran que se podía obtener dinero fácil y rápido. Que los mercados son un lugar donde nada demanda esfuerzo. Donde se obtiene algo de la nada.

Agregaba, para hacerlo más claro, que a nadie se le ocurría preguntarle a un cirujano un “tip” para aprender en unos minutos a operar a alguien de un riñon.

Y es verdad, existe la gran (en realidad la ENORME) ilusión de que en los mercados (sean estos de acciones, futuros, opciones, o inmobiliarios) es posible obtener jugosas rentabilidades en cuestión de días.

Como ex-ejecutivo y actualmente, como coach, no deja de asombrarme como los planes de negocio, sean de futuros emprendimientos corporativos o individuales, exageran la capacidad de obtener beneficios, y subestiman profundamente la necesidad de aprender un oficio, de desarrollar un mercado, de establecer una estructura y procesos de negocio, y de, finalmente, lograr obtener beneficios que justifiquen el riesgo y el esfuerzo.

Es así como en la mente del público, el inversor, o el trader, o el especulador son personas que solo deciden dedicarse a estas actividades, y, por arte de magia, obtienen enormes beneficios.

Aún hoy, después de años, me resulta muy interesante ver como cada uno piensa que es el único “vivillo”, y supone, desde el vamos, que todos los demás son idiotas, que estaban a la espera que él llegara a tal o cual mercado para ordeñarlo, e irse con el dinero de los demás en una carretilla.

O que un trader novato apunta (y así lo plasma en sus planes) a obtener una rentabilidad del 60% anual, y bajo esos cálculos decide abandonar su trabajo actual, y hacer del trading su medio de vida.

De más está decir que de cada 10 proyectos de traders, solo 2-3 se mantienen a lo largo de un período de años suficientes para completar su formación. El resto no pasa de un fugaz intento.

Por supuesto, los fracasos no aparecen siempre en las estadísticas. Muchas veces se encubren bajo autoengaños, donde el abandono se disfraza de decisión, y no cuenta como fracaso.

“Me ofrecieron otra cosa mejor”, “Gané mucho dinero, pero era muy estresante” o “Voy a esperar que los mercados sean más favorables” son algunas de las frases que uno ya escuchó tantas veces que ya puede traducirlas mentalente como “Perdí todo”, o en el mejor de los casos, “Perdí demasiado, y lo que queda no me lo juego aquí ni loco”.

Los mercados tienen una fomidable característica: hacen humildes, a la fuerza, a inversores y traders.

Solo necesitan hacer uso de los eventos inciertos de la vida, para “bajarle el copete” a quienes se acercan a ellos con arrogancia y una sensación de superioridad.

Y, al ser un juego “Suma Cero” (cuando alguien compra y gana, del otro lado alguien vendió y perdió), no hay mucha posibilidad de autoengaño.

Los mercados son un gran espejo.

Y quien sabe apovecharlo, no solo podrá hacer de ellos, quizás, su medio de vida, sino que – a mi humilde entender mucho más importante – podrá profundizar su autoconocimiento, y, en ese mágico proceso transformador, dejar que emerja, libre, su verdadero ser.

Tiempos modernos.

Ni mejores ni peores.

Misma naturaleza. Misma miopía. Misma problemática.

Expectativas excesivas. Poca predisposición a aprender y a realizar los esfuerzos necesarios. Creencias mágicas. Irracionalidad.

Y, como hace miles de años dijo el Buda, entendiendo con claridad cuál es la enfermedad, la aplicación del remedio adecuado ya es natural.

Anoche, algunos soñadores “esperaban” el SPX vuelva hoy a remontarse arriba de los 1100, y discutían con otros con bastante soberbia.

Pero Mr.Market tenía decidido otra cosa. Y parece que vamos para el otro lado, y con bastante energía.

Enjoy.

Gustavo.

8 comentarios to “04 Feb 10: Tiempos modernos”

  1. viajero Says:

    Fantastico, sin dudas has recibido un don para la escritura.

    Abrazo

  2. freedombanker Says:

    Gracias, viajero !

    Un placer enorme tenerte con nosotros, y gracias por tus muy generosas palabras.

    Un fuerte abrazo.

  3. David de la O Says:

    Hola Gustavo.

    Ahora mismo tengo un sin fin de frases para expresar lo que he sentido al leer esto post. Tantas que casi prefiero resumirlas en 2:

    1º- plas, plas, plas (aplausos) 🙂
    2º- Me he sentido reflejado en muchas cosas que dices por lo que ¡tomo nota!

    P.D: Te quiero pedir permiso para trascribir el post casi entero en mi blog. Me ha calado hondo.

    Un abrazo desde mentemillonaria.es

  4. freedombanker Says:

    Hola David,

    Siempre es un gusto tenerte por acá. Una vez más, es tu casa.

    Siéntete libre de hacer con el post lo que desees. Eres libre.

    Un abrazo.

  5. David de la O Says:

    Me encanta el post! De lo mejor que he leído!

    Un abrazo.

  6. Bullish o bearish ? « El Banquero de la Libertad Says:

    […] El Banquero de la Libertad "Sólo puedo mostrarte el pórtico… Eres tu quien debe atravesarlo." Morpheus. The Matrix « 04 Feb 10: Tiempos modernos […]

  7. freedombanker Says:

  8. ¿REALMENTE DESEAS LA LIBERTAD FINANCIERA Y PAGAR EL PRECIO QUE ESTA CONLLEVA? MEDITA BIEN TU RESPUESTA- www.mentemillonaria.es Says:

    […] quieres ver los artículos completos puedes visitar: “tiempos modernos” y “de Picasso y el arte de soplar y hacer […]

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